De pretzels humanos y selfies de yoga

Hace algunos días, mientras me encontraba en una reunión, una persona se me acercó para preguntar acerca de mi turbante (situación muy común), así que le di mi explicación rápida (has de saber que tengo varias versiones de mi explicación, depende la persona, el lugar y el tiempo). Una vez que su curiosidad quedó satisfecha comenzó a platicarme sobre su trabajo, sobre lo estresado que estaba y sobre cuánto necesitaba unas verdaderas vacaciones. Luego me preguntó “¿en qué trabajas?” y le contesté que soy maestro de yoga.

Cortesía de Lululemon Athletica“Yo jamás podría hacer yoga”, me dijo. Cuando le pregunté el porqué, contestó que no tenía la suficiente flexibilidad e inmediatamente sacó su teléfono celular para mostrarme algunas imágenes de Instagram en donde pude mirar a una flexible mujer realizando diversas y complicadas posturas de yoga. “Asombroso”, pensé.

Siguió mostrándome más fotos de diferentes yoguis con cuerpos bien fuertes y musculosos en estudios de yoga fantásticos, o en enigmáticos paisajes de playa y de montaña. Con su dedo señalaba las fotos diciéndome cosas como “ni siquiera puedo imaginarme poder amarrarme así, como liga” o “esto no es un ser humano, es un pretzel.”

Las fotos no mostraban ninguna explicación, sólo mostraban etiquetas como #yogalove, #inspiración, #yogaselfie. Pero créanme, si pudiera etiquetar la cara de la persona que me las mostraba (o incluso la mía) habrían sido etiquetas más parecidas a #quédiablos #niloco o #cosasquenuncaharía.

Y es que por muy fuertes, flexibles y guapos que se vean los yoguis y las yoguinis en esas posturas, no están mostrando en lo que el verdadero yoga es.

Me explico, el yoga se trata de paciencia, de estar enfocado en el momento presente, de concentración, de vencer al ego y entrenar la mente; de trabajo consciente y enfocado a eliminar patrones de pensamiento negativo para poder disfrutar de una vida más plena. Las posturas sólo son un medio para enseñar esa filosofía.

Cortesía de Lululemon AthleticaAlgunos ejercicios o posturas parecen fáciles y otras más difíciles en la medida en que tu actitud se involucra. Cuando estás en el tapete de práctica tienes la oportunidad de observarte, de reconocer cómo tomas los retos y las adversidades, no solo en la clase de yoga, sino en tu vida. Al realizar un ejercicio o postura retadora que requiere de tu concentración, aprendes sobre tus propios límites y cómo derribarlos.

Todo eso no podría captarse en una foto. En mi opinión, esas imágenes, lejos de promover al yoga como una práctica que en la realidad está al alcance de todas las personas sin importar su edad o físico más bien abaten las intenciones de muchos que ahora, desmotivados, ni siquiera intentarán acercarse.

Estar pensando en salir bien en la foto, en la iluminación, o en cuantos “me gusta” se colectarán en las rede sociales, no es (pero ni tantito) yoga, es más bien todo lo contrario. Y por favor no me malentiendas, no estoy en contra de las redes sociales, ni de las fotos, ni de los maravillosos yoguis y yoguinis que salen en ellas; como practicante de yoga entiendo perfectamente que lo que captura la cámara no es en sí la práctica, sino el resultado de ella (que bien pueden ser años de dedicación) pero no toda la gente puede apreciar eso aún.

Sin importar qué tan fuerte y flexible sea o qué postura me salga mejor, mi verdadera práctica de yoga ocurre más allá de las posturas y más allá de una red social (por supuesto). Ocurre cuando estoy atorado en el tráfico y decido mantener el optimismo, cuando la gente me grita Osama en la calle y decido no reaccionar, cuando decido entregar un poco de tiempo a una persona que está en necesidad o cuando me levanto de la cama en la madrugada para meditar.

7 thoughts on “De pretzels humanos y selfies de yoga

  1. Cinthya says:

    Me parece excelente un comentario así, muchos creen que ir a yoga es un método más para bajar de peso, tener elasticidad y sobre todo adquirir fuerza para pararse sobre una mano.
    Cuando yo decidí iniciar este aprendizaje del kundalini, sinceramente lo hice para conocerme más y mejor, para aprender cuales son mis switches y cómo encenderlos y apagarlos según sea la situación… creo que no me equivoqué al pensar eso, ahora me siento mucho mejor y estoy segura que como un día escuché: “en otra vida hice algo maravilloso para hoy poder asistir al Centro de Yoga”.
    Saludos Maestro!

  2. ELIZABETH SANDOVAL says:

    ¡Maestro Satguru, me ha encantado lo que escribió! efectivamente hasta que se practica Kundalini Yoga, se quita uno esta idea errónea.

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