Desconectarse para conectarse

He conocido personas que tienen la fabulosa habilidad de escuchar dos cosas al mismo tiempo; incluso he visto a quienes pueden escribir (a mano) un texto mientras cantan una canción cuya letra es completamente diferente al texto que escriben… asombroso. Sin embargo, no todos tenemos esas habilidades, que tienen que ver con la comunicación y coordinación de los hemisferios cerebrales, en realidad muy pocos, pero en verdad muy, muy pocos han logrado desarrollar esa destreza.

Pero incluso aquellos que lo logran, corren el riesgo de ser rudos, maleducados o peor aún, de perder oportunidades que jamás regresan, cuando otorgan igual importancia (o más) a la pantalla de su dispositivo móvil que a la conversación con las personas con quienes se encuentran físicamente.

La comunicación es una algo esencial en nosotros, y parte de ella es mirar a los ojos, escuchar las tonalidades y comprender los gestos. Prestar total atención a las personas con quienes nos encontramos presentes también nos permite “sentir” al otro, comprender más allá de las palabras. Algo que no podemos lograr con los dispositivos móviles. Un mensaje de texto, por más caritas que le pongamos para acompañarlos, jamás tendrá los demás elementos que hacen de la comunicación algo sublime.

Conectar con las emociones, los sentimientos y la energía de las demás personas, requiere en primera instancia de una desconexión. En este, pero también en muchos otros sentidos, es necesario desconectarse para conectarse.

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