La flor y el ritual del equinoccio.

Había una vez una flor que estaba muy preocupada porque temía que la abeja no llegaría a polinizarla, el día anterior había escuchado por ahí que la situación estaba muy difícil, que las cosas ya no eran como antes y que era mejor prepararse para un año complicado. Sus pétalos aún no estaban abiertos, pero estaba segura que tendría que abrirlos ya, rápido, aunque eso representara un gran esfuerzo; después de todo, si quería alcanzar sus objetivos tendría que esforzarse, o al menos eso había leído en algún lado.

Esa noche no podía dormir, estaba pensando cómo hacer para poder abrir sus pétalos rápidamente y asegurarse de que la abeja la viera. Mientras estaba ensimismada en sus pensamientos pasó por ahí un par de luciérnagas; hablaban sobre un ritual que habrían de realizar la mañana siguiente, en el equinoccio de primavera, para ser prósperas ese año. La flor pudo escuchar en qué consistía el extraño ritual, había que moverse enérgicamente y gritar a los cuatro puntos cardinales aquello que se deseaba, “me han dicho que no falla” dijo entusiasmada una luciérnaga a la otra.

Después de escuchar eso, la flor no podía decidir qué hacer, si abrir sus pétalos rápidamente o moverse enérgicamente mientras gritaba. “¡Qué difícil es ser flor!” pensó antes de que el sueño la venciera…

La preocupación la despertó muy temprano, apenas había dormido un par de horas y se sentía malhumorada. De último momento decidió hacer ambas cosas, haría su máximo esfuerzo y abriría rápidamente sus pétalos; luego haría el ritual de moverse y gritar. Seguro funcionaría.

Con todas sus fuerzas abrió sus pétalos, todos de golpe. Mientras eso sucedía, iba pasando cerca una abeja, que al percibir el brusco movimiento, se sintió amenazada y huyó asustada. La flor ni siquiera tuvo oportunidad de ver cuando la abeja se acercaba, estaba tan concentrada en su esfuerzo que no la notó. Después de abrir sus pétalos, aunque cansada, decidió realizar los movimientos planeados y gritar con todas sus fuerzas pues algunas abejas andaban ya por ahí recogiendo néctar de otras flores y polinizándolas.

“¡Ey, abejaaas! ¡Vengan a mí!” Gritaba con todas sus fuerzas. “¡El Universo conspira para que mis sueños se cuuumplaaan!” Y se movía tan enérgicamente como podía. “¡Merezco polinizacioooón!” Se meneaba alocadamente. Las abejas, al percibir el extraño espectáculo, huyeron despavoridas. Mientras miraba a las abejas alejarse, la flor se sintió culpable, de seguro no lo estaba haciendo bien. Reunió lo que le quedaba de fuerzas y cuando pasaba por ahí otra abeja, repitió el ritual del equinoccio de primavera, ahora con más enjundia. “¡Merezco abundanciaaaa! ¡Polinizacioooón!” Y esta vez bailó con todas sus fuerzas… mismo resultado.

Agotada y desesperada, la flor miraba a lo lejos cómo las abejas se detenían prácticamente en cada flor, incluso en aquellas quienes aún no se abrían por completo.

No lo podía creer, tanto esfuerzo, tanta energía invertida. Algo estaba mal con ella, seguro tendría un gran karma.

Su tallo se encorvó y ahora sólo podía contemplar el suelo.

Divertido, un viejo saltamontes la miraba de cerca desde hacía rato; aquello le parecía el espectáculo más gracioso e inverosímil que jamás había presenciado. ¿Cómo era posible que una flor tuviera que gritarle a las abejas? ¡Ahora ya lo he visto todo! Pensó entretenido. Lleno de curiosidad y entre risas, le dijo a la flor “¿Qué estás haciendo?”

Al notar la expresión del saltamontes, la flor pensó en reclamarle “¿por qué te burlas?”, pero no le quedaba energía ni siquiera para eso. “¿Qué quieres?” preguntó la flor. “No quiero nada, es sólo que soy muy curioso y me preguntaba, ¿para qué haces todo eso?” le contestó el saltamontes.

La flor le explicó que quería ser exitosa, deseaba con todo su corazón que viniera alguna abeja a polinizarla, pero por más esfuerzo que hacía simplemente las cosas no estaban dando resultado. No entendía por qué, aunque su deseo era inmenso, el Universo simplemente no conspiraba para que todo le fluyera.

El saltamontes pasó de la sonrisa al asombro, se había quedado con la boca abierta, pero lleno de compasión, preguntó a la flor “¿por qué crees que las abejas sí llegan a las otras flores?” “No lo sé, tú dímelo” contestó ella. “Es muy simple, porque están siendo lo que son. Tú no necesitas moverte, gritar ni hacer esfuerzos extraordinarios, todo lo que necesitas es SER FLOR.”

Colorín colorado…

La salud, la prosperidad, el éxito y todas las cosas buenas llegan de la misma manera en que la abeja llega a la flor. Es un proceso natural y perfecto. Todo lo que requieres es SER TÚ. Que este año nuevo natural, que llega con la primavera, puedas encontrar la manera de relajarte y de confiar en ese proceso. Que puedas encontrar la técnica que te permita encontrarte contigo y experimentar tu verdadera identidad. Sat Nam.

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