Un Cuento Corto

Este cuento lo escribí en 1999 y a muchas personas les gustó, fue publicado en varios sitios web e incluso lo publicaron en una revista de España (hoy extinta) que se llamaba “El Azucarillo”. Debido a que el relato fue pensado para leerse en línea y no en papel (además de que en aquel entonces el uso de Internet no estaba tan extendido) muchos de quienes lo leyeron impreso no entendieron del todo.  Hoy, probablemente quienes no tuvieron que conectarse a la web a través de un módem telefónico, tampoco entiendan algunos aspectos. En fin, curiosidades de la era tecnológica.

El Navegante ©

Ya eran las seis quince de la tarde, había llovido ligeramente pero el cielo seguía cubierto por nubes grises. Yo me encontraba frente a la computadora y como mi trabajo ya estaba terminado decidí conectarme a Internet. Estuve navegando por un buen rato, no buscaba algo en específico, simplemente algo que me entretuviera, encontré varias páginas interesantes pero nada especial.

Un enlace me llevó a una página sobre películas de cine en donde se mostraban todos los géneros de éste: ficción, aventura, drama, comedia, terror, etc. Yo no soy muy afecto a las películas de terror, de hecho, si había visto dos o tres, serían muchas, pero esa tarde por alguna razón me dieron ganas de entrar y averiguar lo que había en ese género.

Al momento de entrar en el enlace noté que volvía a llover, pero ahora con mayor intensidad, incluso comenzó a relampaguear estruendosamente, en ese momento recordé lo que me había advertido el técnico que había venido a instalar el Internet meses atrás: “Cuando haya relámpagos es mejor que desconecte la línea telefónica, ya que el módem de su computadora podría quemarse” dijo. Pero a decir verdad, aquellos truenos brindaban el marco perfecto para aquella página de cine de terror y decidí tomar el riesgo y no desconectarme.

El sitio web estaba muy interesante, tanto que no advertí el tiempo que llevaba conectado. La lluvia y los relámpagos parecían ser cada vez más fuertes pero estaba tan entretenido que casi ni lo notaba, mientras navegaba por la página encontré un enlace en la más baja que decía: “Vampiros. Click aquí”.

Me pareció interesante, así que decidí entrar, pero justo en el momento de dar click un relámpago provocó que la energía eléctrica fallara y hubo tremendo corto circuito, la computadora y el monitor de mi computadora explotaron. Yo caí al piso con la cara cubierta en sangre.

Pasaron algunos segundos antes de que pudiera darme cuenta de lo que había pasado, y al tratar de incorporarme, me pareció sentir la presencia de alguien delante de mí, no podía ver muy bien, la sangre que brotaba de mi frente caía en mis ojos provocando ardor. Mientras intentaba abrir los ojos, una silueta en la oscuridad se dibujaba perfectamente, el extraño se me acercó, al principio creí que era algún conocido que había entrado a casa mientras yo estaba entretenido frente al monitor, pero al oír su voz me di cuenta de que no era así:
– Buenas noches – me dijo.
– ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? – pregunté nervioso.
– ¿Que quién soy? Soy lo que buscabas en la red.
– ¿Un vampiro? – pregunté burlándome de aquél extraño al tiempo que terminaba de incorporarme.

El extraño sonrió y guardó silencio, un silencio que parecía contestar mi pregunta (ahora lo sé), ni siquiera terminé de limpiar mi cara cuando el extraño se arrojó a mí, mordiéndome el cuello. Traté de luchar con él, pero poco a poco las fuerzas me abandonaron, hasta que volví a caer al piso.

Al despertar, me encontré sentado frente a la computadora, estaba intacta, se encontraba encendida pero desconectada de la línea telefónica, no tenía daño alguno. – Qué alivio, seguramente me quedé dormido mientras trabajaba – pensé. Pero todo había sido tan real, incluso hubiera jurado que sentía un dolor en el cuello.

Revisé el historial del navegador para verificar los últimos sitios visitados en la red, ¡nada!

La verdad me sentí aliviado de haber despertado de aquella pesadilla, miré el reloj y marcaba la una y media de la mañana, así que apagué mi computadora y me dirigí a cepillarme los dientes para dormir, pero al pararme frente al espejo del baño, un escalofrío recorrió mi cuerpo, mi corazón se aceleró tremendamente y el aire me faltaba; ¡una marca en el cuello!, ¡Una mordida sin duda alguna!

Desde esa noche sólo duermo por el día, y por la noche… ¡bueno! Seguramente ya te lo imaginas…

Pero ¿sabes? En estos tiempos es difícil conseguir la cena, ciertamente ya no es como antes, así que yo lo hago vía Internet.

¿Lo puedes creer? Un vampiro poniendo publicidad en la red…

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“Vampiros, Click aquí”

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