Mi segunda Carrera Playera

Ocurrió una mañana lluviosa del mes de julio. Ahí estaba yo, listo desde muy temprano, para correr por segunda ocasión la Carrera Playera que organiza Running Life. Esta vez, a diferencia de la ocasión pasada, llevaba más expectativas. El año pasado (inesperadamente) terminé en el tercer lugar de mi categoría, así que en esta ocasión, ya con un poquito más de experiencia, por lo menos tendría que repetir la posición, o al menos eso creía.

Pero esta vez estaba lloviendo, de hecho llovió sin parar toda la noche anterior. Para llegar al lugar, también a diferencia del año pasado, hubo que librar acantilados profundos baches repletos con agua y lodo que cubrían las llantas de los coches prácticamente por completo. El largo trecho para llegar al lugar, un año antes pavimentado, aparecía ahora con serios daños que obligaban a quienes iban caminando, en el mejor de los casos, a meter los pies en el lodo.

Sin embargo se notaban los buenos ánimos. Aunque la luz del día aún no se hacía del todo presente, los corredores ya estábamos listos, reunidos algunos bajo el techo de un restaurante local y otros bajo una palapa, haciendo calentamientos o ultimando preparativos para la competencia.

La hora de la carrera ya estaba muy cerca, pero debido a que la lluvia no cedía, los organizadores (aconsejados por Protección Civil) decidieron retrasar la carrera una hora, por lo que en lugar de iniciar a las siete, la salida sería a las ocho. Según escuché, si la lluvia continuaba, habría la posibilidad de retrasar incluso una hora más. Me parece que la decisión fue acertada, pues ya siendo las siete, además de que llovía, aún no había suficiente iluminación debido a que el cielo estaba bastante nublado.

Así que decidí volver a mi vehículo para esperar cómodamente, con suerte podría dormir algunos minutos más. Preparé la alarma del teléfono, me coloqué mis audífonos, me acosté en el asiento trasero y me dormí.

La alarma sonó quince minutos antes de las ocho y aunque me tomó algunos segundos acostumbrar mis ojos a la claridad, de inmediato pude notar que seguía lloviendo. Pensé que debido a ello, con toda seguridad la carrera se retrasaría una hora más, sin embargo, para no errarle, me dirigí nuevamente al punto de reunión, el cual estaba bastante cerca de donde yo me encontraba. Ya con toda la claridad de la mañana, pude apreciar mejor al gran número de corredores. Seguían animados, charlando, sonriendo y bailando algunos como parte de su calentamiento.

Como suele suceder cada vez que despierto (incluso después de una breve siesta) sentí la necesidad de orinar; con la mirada busqué para ubicar el sanitario y al hacerlo noté que estaba bastante concurrido. Había una mediana hilera en la que había que formarse, así que hice lo propio. Después de algunos minutos de espera llegó mi turno, como era de esperarse, había que cubrir una exageradísima módica cuota de diez pesos. Con suerte llevaba conmigo una moneda de esa cantidad con la que cubrí la cuota.

Entré al baño, cerré cuidadosamente la puerta y apenas había terminado de poner el pestillo cuando escuché claramente en las afueras los gritos de “¡Corredores a la línea de salida! ¡Corredores a la línea de salida!” ¡Oh no! – pensé. Por un segundo me cruzó la idea de salir de inmediato y correr con ganas… bueno, siempre corro con muchas ganas, pero ahorita me refiero a correr con ganas de orinar pues. Pero no, eso es un grave error, los yoguis no lo recomendamos para nada. Así que decidí apresurarme a hacer mis necesidades…

Desaté mi short (porque además de elástico, mi short tiene una cuerdita que hay que amarrar), desaté mi licra (que también tiene la dichosa cuerdita, pero esta estaba anudada, según recuerdo, con un nudo ciego), o sea, no fue un asunto fácil pues. Cuando finalmente pude desatar, todos los nuditos, me dispuse a hacer lo mío. Apenas comenzando a orinar noté que la voz que gritaba “¡Corredores a la línea de salida!” se alejaba cada vez más, lo mismo sucedía con las animadas voces de los corredores. Un escalofrío me recorrió la espalda, pero no de miedo, es que a veces así me pasa al orinar, pero bueno, pensé: ¿Qué hago, le pujo? ¡No, eso no debe hacerse porque perjudica la vejiga y los órganos sexuales! ¿Le corto y corro con ganas de orinar? ¡No, eso tampoco, ya lo había decidido antes!

Así que como todo buen yogui, dejé fluir relajadamente con la esperanza de que el chorro terminara pronto, pero como si de una una extraña maldición se tratara, la orina fluía, fluía y fluía sin terminar de salir. Estuve a punto de pellizcarme para comprobar si no se trataba de una de esas pesadillas en donde no encuentras baño, y cuando encuentras y vas, nunca dejas de tener ganas, pero no; si eso era uno de esos sueños, era bastante real…

En algún momento, entre la paciencia de dejar que las cosas fluyan y la desesperación de que ya iban a dar la señal de salida, el chorro que parecía infinito por fin se detuvo. Rápidamente até la licra, até el short (dichosas cuerditas), lavé mis manos (por supuesto) y tan pronto pude corrí hasta el punto de salida sólo para darme cuenta de que todos los competidores ya habían partido. Y no sólo los competidores, junto con ellos, mis expectativas de ocupar alguno de los primeros lugares.

Lejos de lamentarme, toda la situación me pareció bastante divertida, y mientras corría con ganas (o sea, rápido) me propuse disfrutar del momento, que en verdad era único. Aunque seguía lloviendo, la temperatura era bastante agradable, la lluvia me golpeaba gentilmente la cara, el arena estaba más compacta por la lluvia y me pareció que fue más fácil correr que la vez pasada, subir y bajar las hermosas Dunas del Sabanal fue en verdad una experiencia de esas que te quitan el aliento (¿o tal vez sería porque estaba bastante cansado?) en suma, la carrera resultó ser bastante agradable y divertida. Sin duda una gran experiencia que recomiendo ampliamente.

Al final de la carrera tuve la oportunidad de saludar a Isis Breiter, quien participó en la carrera y que el día anterior ofreció una interesante conferencia. Si no la conoces, ella es la primera ultramaratonista mexicana (e hispana) en lograr Grand Slam 4 Desert. Correr en los cuatro desiertos más grandes de nuestro planeta y que sigue acumulando éxitos.

La gran sorpresa fue que, no sé como le hice, pero volví a ganar el tercer lugar de mi categoría. Y claro, me sentí muy contento.

Lo que no estuvo tan bien.
Creo que es importante decirlo, si bien el H. Ayuntamiento de Ursulo Galvan, Ver. otorgó todas las facilidades y apoyo para la carrera, éste se vio ligeramente opacada por las condiciones en las cuales se encuentra la carretera que conduce a las Dunas del Sabanal, lugar en donde se desarrolló la competencia. La lluvia había ocasionado baches monumentales, literalmente albercas tan grandes y tan profundas que literalmente podías meterte a nadar ahí. Uno de esos baches (les llamaré así por gentileza) se tragó una de las placas de mi vehículo, hecho que noté varias horas después, así que tuve que regresar para buscarla.

Con botas de hule, rastrillos y por supuesto con la valiosa ayuda de mi familia (y de algunas personas del lugar) estuvimos por varias horas intentando recuperar la placa…

Para ya no hacerla de emoción, el fruto de nuestro gran esfuerzo fue que ¡recuperamos cinco placas! Pero ninguna de ellas la de mi vehículo…

Ya ni les cuento la “aventura” que emprendí en nuestras queridas dependencias de gobierno, porque no quiero transformar este relato en una historia de terror. Me quedo con la gran experiencia de esa bonita carrera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *